Buenos Aires, 23 de junio (Télam, por Juan Rapacioli).- En "El asesino hipocondríaco", el escritor español Juan Jacinto Muñoz Rengel, revelación en su país, configura un relato que se mueve entre el suspenso y el humor -una suerte de comedia negra-, donde un extraño asesino, digno personaje de Edgar Allan Poe, busca eliminar a su objetivo y fracasa sucesivamente a causa de las muchas enfermedades que lo acosan.
La novela, publicada por el sello Plaza & Janés, presenta al Señor Y., un excéntrico asesino a sueldo, obsesivo y "de moral kantiana", que debe matar al argentino Eduardo Blaisten.
En el transcurso del relato, dividido en capítulos de una o dos páginas, el Señor Y. intenta liquidar a su objetivo de diferentes maneras y en distintos contextos, pero todas sus enfermedades terminan por impedírselo.
Además de la obsesión con sus síntomas y afecciones, el Señor Y. tiene clara conciencia de ser un desdichado: "si escojo entre dos direcciones, la otra era la acertada. Si salgo llevando conmigo el paraguas, lo pasearé todo el día por la ciudad sin darle ningún uso. Si pongo la otra mejilla, me golpearán en toda la nuca. Si alzo una mano para reclamar, probablemente sufriré una luxación de clavícula", explica en los primeros capítulos.
Y su obsesión toca el punto más alto cuando se trata de la muerte, a la que espera siempre: "no me queda más que un día de vida, después de haber escatimado quince millares a la muerte, sólo me resta uno más. Dos, a lo sumo".
"Tengo la absoluta certeza de que ni un día más tarde de hoy moriré. Como mucho mañana. Contravendría todas las leyes de la naturaleza que mi cuerpo transido de enfermedades, horadado por todas las afecciones, se sostuviera con vida un día más".
Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) es autor del relato largo "PINK" (2012) y de los libros de cuentos "De mecánica y alquimia" (2009) -Premio "Ignotus" al mejor libro de relatos del año-, y "88 Mill Lane" (2006). Sus relatos ganaron más de cincuenta premios nacionales e internacionales y fueron traducidos al inglés, el italiano y el ruso. "El asesino hipocondriaco" es su primera novela.
La trama del libro presenta una estructura clásica y atrapante: la persecución por parte de un frágil y atrofiado personaje a otro de características opuestas -saludable y elegante-, que podría ser su antagonista. Desde ese enfoque, la novela se lee como una serie de divertidas desventuras que por momentos alcanzan la desesperación.
Pero hay otra lectura que, quizás, hace más interesante el relato. A medida que el Señor Y. fracasa en sus intentos de asesinar a Blaisten, va relatando una suerte de mapa de las enfermedades que lo amenazan desde su nacimiento y, en ese sentido, la novela funciona como una larga definición de un personaje que bien le podría caber a Edgar Allan Poe o aún más a Howard Phillips Lovecraft.
En esa agobiante lista figuran problemas motrices, todo tipo de alergias y fobias, y también algunas enfermedades insólitas como la Maldición de Ondina, término médico referido a las personas que no pueden dormir sin que ello suponga un riesgo de muerte ya que dejan de respirar o respiran a un ritmo mucho más bajo del normal, consecuencia de la Hipoventilación alveolar primaria.
Y el Síndrome del Acento Extranjero, enfermedad que generalmente se produce como un efecto secundario de una lesión cerebral grave, con síntomas que son resultado de la distorsionada planificación de articulación y de los procesos de coordinación.
"No hay más de veinte casos registrados en el mundo de personas que padecen el Síndrome del Acento Extranjero. Así de turbadora es mi mala suerte", señala el Señor Y. en el comienzo del capítulo 24.
De esa forma, el autor, a través del personaje principal, establece un diálogo con grandes autores y pensadores de la historia que también fueron hipocondríacos y desdichados. Así van apareciendo, a través de la historia central, pequeñas anécdotas sobre los problemas que afectaron a Kant, Tolstoi, Voltaire, Poe, Proust, Descartes y otros genios atormentados.
"Jonathan Swift perdió a su padre antes de haber nacido, cuando todavía deambulaba por las calles de un Dublín revuelto dentro del útero de su alocada madre inglesa", cuenta el asesino en uno de los capítulos.
Y prosigue: "el padre de Edgar Allan Poe, tuberculoso y alcohólico, abandonó a su familia cuando el poeta gótico tenía 2 años, para morir más tarde víctima de su enfermedad en paradero desconocido".
"René Descartes perdió a su madre cuando tenía un año, el doctor Paracelso cuando tenía 6, el señor Voltaire a los 7, el señor Molière a los 10, el señor Kant a los 13, Jean-Jacques Rousseau cuando apenas tenía unos días", enumera y continúa: "Cuando Nietzsche cumplió los cinco, su padre, el párroco de Rocken, se mató al caerse por las escaleras de la iglesia".
Con todos esos elementos, Rengel construye una novela divertida, con una prosa sencilla pero cuidada, fácil de leer pero no superficial, que puede entenderse como una comedia negra dentro del registro del thriller, pero que es, principalmente, un homenaje a la literatura. (Télam).-
jmr-mc-gel 23/06/2012 10:59

