Magda y Joseph Goebbels (Archivos Federales de Alemania - Wikimedia Commons)
Harald Quandt, un oficial de la Fuerza Aérea de la Alemania nazi, recibió la última carta de su madre en la primavera de 1945. El joven militar aguardaba el fin de la guerra en una prisión británica en Bengasi, cuando llegó la trágica noticia. Ella se había suicidado en Berlín el 1 de mayo, junto a su marido y sus seis hijos. No se trataba de una muerte desesperada más en los últimos días del Tercer Reich: la madre de Harald era Magda Goebbels, la esposa del temible ministro de Propaganda de Adolfo Hitler.
La derrota de los fascistas había hundido el sueño del nacionalsocialismo. Pero aún en el umbral de la muerte, algunos fanáticos como Goebbels y Magda creían en la resurrección de esa ideología. “Harald, querido hijo, quiero legarte lo que he aprendido en la vida: ¡Sé leal a ti mismo, al pueblo y a tu país!”, escribió exaltada esta mujer que había preferido el suicidio a caer prisionera de los aliados. “Es probable que tú seas el único sobreviviente en poder seguir la tradición de
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