Avances tecnológicos: los robots al servicio de la medicina

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Por Mario Castro Ganoza

Uno de los robots más tiernos que se hayan fabricado en es, sin duda alguna, la foca bebe Paro, una especie de peluche cuyo primer modelo fue lanzado en el 2003 y que en julio de este año, luego de ocho generaciones de mejoras y experimentos, acaba de cumplir la mayoría de edad, al haber desarrollado completamente todas sus funciones, aseguran sus creadores.

La finalidad por la cual el (AIST, según sus siglas en inglés) desarrolló a Paro, fue que la pequeña y blanca foca se conviertiera en la mascota y estableciese vínculos afectivos con un público definido: adultos mayores que sufrieran algún tipo de enfermedad que les ocasionara el deterioro de sus capacidades cognitivas o trastornos conductuales. El objetivo de Paro es convertirse en un "gatillo" que haga aflorar en la mente de los ancianos los recuerdos, las sensaciones de confort y bienestar y todo tipo de impresiones psicológicas agradables.

Además de motivar este tipo de respuestas subjetivas por medio de la interacción con su dueño, se ha comprobado científicamente que Paro mejora los signos vitales de los ancianos, debido a la sensación de relajación que le proporcionan al paciente el acariciar, hablar y obtener respuesta de la pequeña foca. Paro también ayuda a que los ancianos mejoren su nivel de comunicación, porque les hace recordar y ejercitar sus actitudes sociales.

Los efectos benéficos de Paro no radican en su condición de robot, sino en lo que representa: una mascota, conforme con la denominada terapia animal, que consiste en la interacción del paciente con algún tipo de mascota para lograr que se relaje, alivie su estrés e, incluso, tenga una ayuda en su rehabilitación física. Esta adorable cría de foca cumple dicha función.

Sin embargo, en la mayoría de hospitales, casas de ancianos, asilos y guarderías no se permiten los animales por temor a las alergias o infecciones que puedan generar en los pacientes. Este es el nicho que Paro se encarga de llenar, porque no es otra cosa que una mascota robot con características mucho más entrañables que el habitual brillo metálico de un robot.

NI PERRO NI GATO Desde que el proyecto comenzó a tomar forma, los creadores de Paro han conducido numerosas investigaciones y han realizado miles de análisis a ancianos de todo el país, con la finalidad de conocer no solo la respuesta externa sino los cambios bioquímicos que genera en los pacientes la interacción con el pequeño robot.

Parte de este trabajo de recolección de datos, realizado tanto en Japón como en hospitales y casas de ancianos de Estados Unidos, Alemania, Italia, Suecia y Francia, les demostró a los creadores de Paro que su robot no podía ser ni un perro ni un gato.

Cuando los investigadores del AIST fabricaron robots con formas de perro y gato, las pruebas mostraron que los pacientes consideraban al primero demasiado mecánico, mientras que el segundo, si bien se parecía bastante a un felino real, no se comportaba como tal.

"Cuando se diseña la apariencia de un robot, si es humanoide la gente esperará que el robot hable, camine, salte y se comporte como un humano de verdad. De lo contrario, se sentirán desilusionados, perderán el interés y lo dejarán de lado. El mismo principio se aplica con los animales", explica un vocero del AIST.

"En el caso de animales poco familiares, la gente los conoce pero no sabe mucho de ellos, de cómo se comportan, y cualquier cosa que hagan les parecerá suficiente. No se desilusionarán", complementa. Es por ello que los investigadores decidieron crear una foca robot, una réplica exacta de las focas que viven en las islas Madeleine, al noroeste de Canadá.

CUESTA US$5.000 El precio de Paro, que ha recibido numerosos premios y distinciones, entre ellos el Récord Guinness al Robot más Terapéutico del Mundo, es de US$5.000, incluyendo un paquete anual de mantenimiento. El robot tiene cinco tipos de sensores para interactuar y reconocer a los humanos. Los sensores de luz le permiten diferenciar el día de la noche, establecer sus horas de sueño y emitir un gemido de disgusto cuando le toman fotos con flash. El sensor táctil, por su parte, le permite al animalito reconocer y responder cuando alguien lo acaricia o lo golpea.

El sensor sonoro le permite reconocer no solo la voz de su dueño, sino identificar sus estados de ánimo. Este sensor, junto con el táctil, disponen a Paro para que responda de una forma personalizada cuando su dueño le habla y lo acaricia.

El robot también mueve la cabeza, la cola y se orienta, gracias a un sensor de posicionamiento que, junto con el de temperatura, le ayudan a girarse hacia el lado donde se encuentra su dueño.

Paro emite los sonidos de una foca real, tiene cierto rango de autonomía a la hora de expresar sus sentimientos parpadeando o moviendo cabeza y cola, su piel es totalmente higiénica y antibacteriana, tiene un escudo electromagnético para que lo puedan usar personas con marcapasos y es fabricado a mano, lo cual garantiza una expresión facial única en cada uno de los modelos.

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