Explotacion de la riqueza minera y fomento agricola-ganadero

Buenos Aires, 21 de diciembre (Télam, por Adolfo Rocasalbas). La concepción técnica y estadística del Primer Plan Quinquenal de gobierno (1947-1951), que contempló todas y cada una de las necesidades nacionales, regionales y sectoriales y su puesta en marcha y ejecución, logró una pujante industrialización, generó millares de empleos y fomentó la actividad agrícolo-ganadera.

Se basó en una acabada y prolija investigación, el acopio de datos técnicos y estadísticos y la división y concentración del país en zonas económicas, desnaturalizando y demoliendo la idea y concepción histórica y absorbente de la afamada "Nación-puerto".

El gobierno peronista se impuso conocer en detalle las posibilidades y riqueza argentinas y su eventual proyección productiva, en el marco de aquella ejecución integral que no admitió el menor índice o guarismo de desocupación.

Se realizó un completo estudio de la riqueza nacional. En consecuencia, por ejemplo, las posibilidades de la minería comenzaron a ser explotadas en toda su dimensión.

El gobierno puso pronto en marcha el proyecto de explotación de los minerales metalíferos, no metalíeros y combustibles, generando cientos de miles de puestos de trabajo, desarrollo económico doméstico y una acentuada exportación hacia todas las latitudes.

Los elementos metalíferos explotados eran el antimonio, bismuto, cobre, estaño, estaño y plata, arena con magnetita, manganeso, oro (lavaderos y filones), plomo, vanadio, wolfram y zinc.

Los no metalíferos se dividían en arcillas, arenas, areniscas, bentonita, berilo, bismuto, boratos, calcáreos, calizas cristalinas, cantos rodados, caolín, conchilla, cuarcitas, cuarzo, dioritas, dolomitas, espomudeno, feldespato, fluorita, granito, mármol, mármol ónix, mica, ocres, sal, sal de roca, sulfato de sodio, talco y asbesto, tierra fuller, travertina y yeso y, los combustibles, eran el carbón, petróleo y las asfaltitas.

También se puso en práctica un extraordinario fomento de la riqueza agrícolo-ganadera. La Argentina, situada en el sector meridional de la América del Sur, está comprendida entre los 21 grados 46` y los 55 grados 3` de latitud sur y, la región antártica, entre los meridianos 25 y 74 grados oeste.

La extensión continental del país es de 2.780.882 kilómetros cuadrados. La Antártida e Islas Georgias y Sandwich reúnen 1.230.000; 11.718 las Malvinas; 1.064 las Orcadas del Sur; 351 las Picton, Lenox y Nueva y 2 la Isla Martín García, lo que totaliza 4.024.017 kilómetros cuadrados totales.

El gobierno justicialista de forma inmediata intensificó la explotación de la incalculable riqueza minera y, aprovechando las peculiares ventajas del suelo, de formación geológica similar a la de otros países americanos, creó y fomentó la industria rural.

Ya hacia 1950, la superficie total cultivada alcanzó límites insospechados hasta apenas unos años antes. Existían 251.500 hectáreas de azúcar; 420.727 de algodón; 1.543.078 de girasol; 1.573.000 de lino; 23.096 de tabaco; 143.273 de viñas; 174.920 de papa; 1.766.200 de centeno y 6.323.929 hectáreas de alfalfa.

Se lograron cultivar 149.211 hectáreas de hortalizas; 50.497 de arroz; 122.050 de maní; 3.333.765 de maíz; 1.322.700 de avena; 29.330 de mandioca; 49.970 de tung; 5.449.700 de trigo; 1.048.000 de cebada; 64.313 de yerba; 423.270 de citrus y 576.290 de fruta de verano, estos dos últimos productos medidos en toneladas.

Paa ese mismo año de 1950 había en el país 41.268.470 cabezas de ganado; 50.856.556 ovejas; 2.981.406 cerdos; 4.933.676 cabras y 7.237.663 equinos, todo lo cual contribuyó a la explotación, el crecimiento, un masivo consumo popular y la exportación.

El fin y el objetivo del plan de gobierno era coronar con su ejecución una estricta situación de justicia social. De allí que Juan Perón advirtió en 1951 que, "en el medio, se encontraban los imperialismos económico y político, dos monstruos que vienen manejando el mundo desde que lo conocemos y persiguen lo mismo".

"Son dos cosas que aparentemente se combaten pero que luchan juntas, con lo que se explica cómo a veces marchan del brazo las extremas derecha e izquierda. La alianza es poderosa y el objetivo de ambos es seguir engañando y explotando a los trabajadores por distintos caminos y por la misma acción. Pero juegan a favor las fuerzas de la justicia en el momento de la reivindicación", añadió el General al analizar la situación en el marco de su gobierno.

Esa obra peronista, como cualquier acción humana, se asentó en el idealismo, toda vez que los objetivos del Estado se orientaban a hallar los medios que lograsen y garantizasen el bien público -al fin y al cabo el origen y fin de la política- y, por ello, esa meta resultaba imposible sin el acicate de la ilusión.

Existía una nueva conciencia nacional y social en marcha, basada en la concepción de que "una riqueza podrá ser muy poderosa, pero sin estabilidad social es extraordinariamente frágil", al decir de Perón. La gran riqueza, así, debía de forma definitiva consolidarse a través de un perfecto equilibrio social.

En la extracción, elaboración y comercialización de esa riqueza era menester que fuesen de forma indefectible socios y colaboradores el capital y el trabajo, abandonando por una vez históricas antinomias y recuperando la armonía de las relaciones.

La lucha permanente entre ambos sectores generaba destrucción de valores. "La colaboración, buena voluntad y cooperación son las fuerzas capaces de construir valores y aumentar riquezas", resultó el concepto básico de aquella pujante acción gubernamental.

El peronismo no dudó de esa forma en afirmar que "el combate contra las fuerzas poderosas y ricas se ejecuta con armas leales, de frente y contra toda especulación". El futuro debía asegurarse sobre los pilares de "la honradez política y económica y con equidad en la distribución social" de esa inmensa riqueza.

Pero el mundo era otro y los imperios combatían de manera "fría". A ninguno de esos extremos le convenía un Perón y, mucho menos, en la Argentina. Se fueron caldeando los ánimos y comprando traiciones y, de pronto, hasta una ley de divorcio o de profilaxis fue la excusa escatológica para derrocar al 70 por ciento de un pueblo que, hasta 1943, no conocía siquiera sus propias playas.

Así, como expresaron de forma sabia las estrofas del "Martín Fierro" de José Hernández -un sociólogo argentino que no era de la especialidad, al igual que don Arturo Jauretche-, el peón rural y el obrero industrial, como cualquier otro empleado, pudieron también "cantar" desde entonces sin temor a yerro alguno:

"Tiene el gaucho que aguantar hasta que lo trague el hoyo, o hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar". (Télam)

ar-hos-rl 21/12/2011 17:13

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